miércoles, 9 de septiembre de 2009

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La mosca dibuja espirales en la superficie de una copa de vino abandonada. El sol se

empecina en meterse en la habitación con su alucinante claridad. Hay ropas

desparramadas que aún modelan la forma que contuvieron antes de caer. Hay ceniceros,

copas, botellas, polvo sobre los muebles, libros que ignoran su inutilidad. Hay

sobre la cama un cuerpo de mujer...

Respira arrítmicamente. Hace una hora o seis que despertó. Corre de un lado a otro.

La mente que desanima ese cuerpo es un martillo. Pregunta. Trabaja con minuciosidad

la matería del sufrimiento.

El cuerpo y la mente de una mujer que se niega o aceptar su nueva situación: está

sola.

El contestador telefónico registra llamadas de amigos y de algún pariente que supone

que una gota de sangre en común le da derecho a comprender. La que no llega es la

voz de la única persona que le importa en el mundo.

Está sola. Trata de entender que se encuentra en un período natural de adaptación.

Es lógico que le cueste retomar el ritmo anterior a la llegada del hombre que se ha

marchado.

Es una mujer inteligente, pero algo se desgarra dentro de su cuerpo. Se pregunta

para qué y por qué y si fue verdad lo vivido junto al hombre que ya no está.

Como si la existencia fuese una pugna de equivocaciones y aciertos se interroga por

los errores cometidos.

Ama la música, pero la ha olvidado. La casa está en silencio. Sólo la claridad

empecinada hace un metálico sonido.

El cuerpo se ha sentado en la cama. Los restos de un batallado maquillaje dibujan

luces y sombras en su cara. Va al baño. Pasa sin interés delante de un espejo.

El cuerpo ha recuperado los movimientos mecánicos para ejecutar los miserables actos

cotidianos. Pero su mente continúa obsesiva en la tarea de sufrir. De no querer

dejar de sufrir para que algo de alguien no desaparezca del todo.

Las manos correspondientes al cuerpo de la mujer levantan las persianas y entra el

sol como una orquesta. Por un gesto de torpeza se vuelca una copa de vino.

La mosca sigue dibujando círculos en el vino derramado.



(Sbarra)

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